viernes, 4 de enero de 2013

OJos que no ven, corazón que no siente.

Hace una hora que en mi mente escribí una carta de despedida; una que nunca olvidaría porque además de elocuentes mis palabras fueron sinceras, tanto cómo fui con nadie, y es que hasta hace dos años, ni él las merecía...  Le especifiqué lo que siempre temió, no es otro de mis berrinches, esos los conoce bien. A mi no. Lloré por más de una hora continuamente, el que me despida no quiere decir que no me duela; siempre creo que el dolor será permanente  tal vez por eso duele más; dije adiós para mi misma, aún no se lo digo, esperaré el momento adecuado, cuando me diga de nuevo la manera en que quiere llevar su vida, cuando vea la seguridad en sus palabras que no cambiará, cuando me convenza que nuestros momentos no son ahora, que caminamos a diferente ritmo; cuando yo le diga que su método tenía razón; ojos que no ven corazón que no siente... y tiene razón, porque después de un tiempo de no ver, el corazón no siente más...

2 comentarios:

Gabriel Cruz dijo...

Y bueno, que aunque en efecto la distancia hace lo suyo, no se puede negar que las personas nos dejan una huella en el corazón que dura un buen rato, pero todo tiene su ciclo y es sano voltear la página y a lo que sigue :'(
Va buena vibra Ada ;)

Alexander Strauffon dijo...

Apuesto a que más de una vez, tuviste que editarla. Ese tipo de cartas es inusual que nos dejen satisfechos.