domingo, 19 de enero de 2014

La sensación de su mano en mi nuca me hizo sentir culpable, yo nunca le dí lo que el esperó, y aún así me acariciaba mientras me llevaba a mi casa, ahora siento remordimientos, creo que nunca le bastó mi cuerpo, quería un sentimiento que nunca pude darle,  a nadie.  Siempre le dí las gracias al terminar,  siempre fui clara, yo no le daría algo que no tengo y nunca lo entendió, pensó que me protegía de las desilusiones, pensó que lo que le decía fue una mentira, aunque se lo dije, él nunca lo creyó, corazón; la mentira somos nosotros dos.

1 comentario:

Alexander Strauffon dijo...

Fogosas y no obstante frias palabras.