lunes, 9 de septiembre de 2013

Que noche la de anoche.

Desde hacía días que no podía sacarlo de mi cabeza, me acompañaba a dónde fuera y con quipen fuera, de repente se atravesaba cuando saludaba con un beso a alguien o ya me hacia ruido en el oído cuando  trataba de hablar, el caso es que no me dejaba en paz.
Anoche fue el colmo, yo estaba tratando de derramar las lágrimas correspondientes para despedirme de mi relación actual, perdón; ex-relación. Entre sollozos traté de darle la importancia que tres años merecen, pero por más que me esforcé no pude durar más de una hora en llanto, al final sus errores, su actuar y el que deseo a otra mujer antes que a mí, me impidieron sufrir cómo lo dicta las normas sentimentales.
Bien, pues cuando me dispuse a dormir después de mi fallido sufrimiento, recostada en mis cinco almohadas ese recuerdo volvió, así sin avisar, de repente fuerte y claro, casi tangible; salíó de mi cabeza y  bajó por mi cuello,  primero pensé que un insecto,que un zancudo para ser mas precisa se había alojado en mi pecho, solté un manotazo al aire, luego de unos segundos sentí una especie de hormigueo en mi lado izquierdo del pecho, me dio más miedo imaginar la causa que voltear a ver que era, opté por ignorarlo, pero unos minutos adelante no pude hacerlo más, la sensación bajaba, bajaba sin cesar hacia mi ombligo y por en medio de mi cuerpo recorriéndose lenta y suavemente, me quedé inmóvil,  siguiendo su rumbo con la imaginación, para ese momento lo supe, era lo que me había estado siguiendo todo el día, ésta vez  no puse resistencia, respiré profundo y te reconocí,  tú voz hablándome las cosas que siempre quise escuchar, tus manos tocándome cómo siempre lo necesité, tu aliento y tu cabello rosando mi cuello y tu recuerdo envolviéndome y aliviándome de un dolor fermentado y de uno fresco, me hizo sentir bien, bien por un momento, luego llegó el conflicto, por qué disfrutaba de tu recuerdo si nunca nunca una explicación, y ahora así cómo si nada pretendías salir de los recuerdos y alojarte en mi cuerpo  sin vergüenza, así cómo tú. Me levanté de la cama y fui a bañarme con el agua fria, así cómo yo, me hizo olvidar en lo que había pensado todo el día: en puros recuerdos ya olvidados; así cómo nosotros.

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